Sobre lo efímero (carta a Cesar Augusto)

Ave Cayo Julio Cesar Augusto!

Si, ave, desde Les Delices a los Campos Elíseos en donde gozas eternamente de tu esplendor. He regresado recientemente de las provincias hispánicas que tu dividiste en Tarraconensis (ocupando más de la mitad de la península), Lusitania y Baetica (dos más pequeñas en el Sur Oeste y el Sur Este), pasando por Tarragona en la que residiste, convirtiéndola en el centro brillante de los pueblos primitivos que allí organizaste. Utilicé el corredor mediterráneo que tan sagazmente creaste para facilitar las comunicaciones de tu Imperio: la Vía Augusta. Ah! que visión para tenerla hace  mil setecientos y tantos años. Los cascos de los caballos de  nuestro coche repercutían Roma, Roma, Roma…!
También he estado en Barcino en donde admiré el templo que te levantaron en el Mont Taber.  Todavía se aguanta gran parte de las murallas! Por cierto, que restaurantes y qué clima! Ya sabes que siempre me ha gustado comer bien. Se lo he comunicado expresamente a mi admirada Marquesa du Deffand con quien mantengo una copiosa correspondencia. Por cierto, no he tenido ningún problema de lenguas (en Barcino dicen los augures que se hablarán docenas). Allí el latín popular derivó en catalán que es la materna de todo el Principado y se extiende aún más allá (parte de Aragón, Valencia,  Baleares y una pizca de Murcia), pero como son gente de cultura y amplitud de miras, muchos hablan correctamente el latín, el francés y el castellano e incluso se cartean indistintamente en cualquiera de las lenguas de la península sin que comporte problema alguno ni falta de cortesía hacia quien no habla tu idioma. Es del todo normal, como no podía ser menos. En este punto, reina la tolerancia y la buena educación.
Evidentemente que el latín se conoce a nivel culto, pero ya no es la lengua habitual de conversación.  Por ejemplo, estuve en casa de Don Felip de Riquer, Marquès de Benavent (excepcionalmente no habla francés) que escribe en catalán a sus parientes y amigos del Rosellón y Aragón. Estos le contestan en francés o en catalán (los del Rossellón), otros en catalán y en castellano (desde Aragón). Le traducen las cartas del francés al catalán. En cualquier caso, como va a casarse con Mademoiselle de Ros, hija del Baró de Cabrenys, y ésta sabe poco el último idioma, la están poniendo al día comme il faut y no podía ser menos.
He introducido este tema por cuanto ni allí ni aquí apenas se habla el latín, la lengua de Roma. Ni siquiera en Britania. La correspondencia con Lord Chesterfield la mantengo ora en inglés ora en francés con las que tenemos más fluidez. Por cierto, me acaban de anunciar la llegada de su hijo, de viaje por Europa. Concluye en París en cuya corte, que ambos vaticinamos extinta (tanto milord como yo) se formará en las buenas maneras, on dit “les grâces“.
No te extrañe que no solo la lengua de tu Imperio sino este mismo, el más grande que jamás hubo en Europa (Tigris y Eufrates por el Este, Danubio y Rin por el Norte, Irlanda Lusitania y Tarraconensis por el Oeste y el desierto del Sahara por el Sur), con el Mediterráneo como centro geográfico y de intercambio, se disolviera como un azucarillo, aunque más lentamente. También lo hicieron Egipto, Babilonia, Asur y otros. Y es un hecho que muchos estados posteriores al tuyo también se han disuelto y otros actuales lo están haciendo. Es natural. Nada es para siempre. La universidad y la Iglesia hablan latín, pero también vaticino que lo perderán. “Le monde va de lui même”.
Para escribirte he utilizado esta lengua con el fin de practicar la que habla gran parte del continente americano y que supongo no te ofenderá. En Europa, sin embargo, es poco corriente. Yo viajo mucho y suerte tengo del latín y del francés que se admira profundamente en varias cortes, entre ellas las de mi amigo el Rey de Prusia. Sin embargo, doy por hecho que es grande la comprensión de quien mora en los Campos Elíseos. De otra forma, estaría en el Tártaro.
La próxima vez te escribiré en catalán, esa dulce lengua que habla prácticamente la cuarta parte de los Reinos de España (allí hablan otras lenguas derivadas de la tuya en mayor o menor grado). Verás que, como los habitantes de los Principados (no solo del de Cataluña, sino del de Andorra), no hay problema alguno de pasar de una idioma a otro máxime, Augusto, si provienen del latín. Para practicarla un poco el Baró de Maldà, con quien departimos varias veladas,  me regaló una copia parcial de su “Calaix de sastre” en el  que describe, a modo de diario, los acontecimientos de Barcino.

Au revoir, Augusto. A ti que creaste la Pax romana, te deseo la Pax aeterna.

Monsieur de Voltaire

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