Toros (Carta de Voltaire a Madame du Deffand)

Introducción: La Marquesa du Deffand (1696 – 1780), formó su propio salón en París, al que acudirían Voltaire, d’Alambert, Montesquieu y Horace Walpole, entre otros. La marquesa nos deja con su numerosa correspondencia una obra maestra. Su especial hastío por la vida se incrementa con una sobrevenida ceguera y por la edad. Entre sus cartas encontramos las intercambiadas con Voltaire que sirven aquí de excusa para el tema tratado. Su conservadurismo contrasta con las ideas de Voltaire, máximo exponente de la Ilustración.

Pamela de Richardson, primera novela de la era moderna

Pamela de Richardson (el acoso de Mr. B.)

Los Marqueses del Paular son personajes literarios extraidos del libro de Joan Perucho “Pamela”, a la que también se cita como Miss  Andrews, protagonista de la novela más vendida del siglo XVIII, la “Pamela” de Richardson, inicio de la novela moderna. Voltaire y Madame du Deffand leyeron con seguridad la primigenia Pamela.

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Madame,

Le envío mis excusas por no haberle escrito antes. Su carta llegó a Ferney mientras nos encontrábamos en Madrid, adonde nos trasladamos después de estar unos días en Barcelona. Un acceso de fiebre de lo más violento atacó a Madame Denis y retrasó nuestro regreso.

Nuestros huéspedes en Madrid, los Marqueses del Paular, como sabe recomendados por el embajador de Prusia, nos acogieron de forma especialmente cariñosa y ansiosos de noticias de París. Es evidente que nos perdonaron algunas cosas por ser extranjeros. De ser castellanos, nunca las hubieran tolerado. Se nos destinaron habitaciones contiguas y alojamiento adecuado para los acompañantes. Al principio nos insinuaron que les llamásemos Paquito y Trini, rompiendo todo protocolo, si bien mi sobrina detuvo ipso facto su pretensión con sus buenas maneras que vuestra merced conoce. Prevaleció la vieille politesse francaise.

Cabe decir que la toilette de Madame Denis, a la que es tan aficionada, como usted sabe, causó impresión a la anfitriona.

Acudimos a una corrida de toros de punta en blanco, como nos dijeron. Luego nos preguntamos el por qué.  A Madame Denis le pereció ridículo ignorar como vestir adecuadamente  en cada ocasión.

Siglo XVIII, plaza de toros de Madris

Rejoneador y torero. Al fondo, Plaza de toros de Madrid

El toreador lleva un traje de lentejuelas bastante ceñido al cuerpo con medias hasta las rodillas, adonde le llegan los pantalones. Chaleco y armilla de tela bordada cuyo color va a juego con el de los pantalones que remata con un fajín de diferente color a la altura de cuerpo. Se anuda un corbatín al cuello de la a camisa. ¿Se imagina, madame, ir así disfrazado a un baile de máscaras? No lleva zapatos de tacón, solo zapatillas. Y se toca con una rejilla que le recoge el cabello en la nuca.  Hace piruetas de todo tipo delante de un toro salvaje, con amaneradas contorsiones presque féminines, pero con chulería, produciendo la sensación de que su traje pueda llegar a romperse en ciertos momentos de marcada tensión. Nunca toca al toro con su cuerpo, más bien danza a su alrededor con destellos según le da el sol al traje (lo llaman acertadamente de luces) para poner nervioso al toro que, al principio, lo miró tan estupefacto como nosotros. Poco después, el primero lo azuzó con una capa roja que, sujetándola ora con una mano ora con las dos, la blandió ondeándola delante de su hocico. La bestia, obviamente, intentó sacarse de en medio al danseur flamboyant que, sin parar, siguió mariposeando con la capa arriba y abajo.

Todo ello después de haber pinchado al toro como a una aceituna con el fin excitarle. Durante el galanteo, el animal va perdiendo sangre que derrama en la arena que cubre el suelo. Ante la  desvergüenza del toreador, la fiera va adquiriendo furia e intenta cambiar los papeles. Y así, gira que te gira. A mi sobrina casi le dio un soponcio. Suerte que la Marquesa del Paular llevaba las sales adecuadas. Vraiment, puede recomendar el espectáculo a nuestro compatriota el Marqués de Sade a quien, siendo todavía adolescente, inició en artes perversas Miss Pamela Andrews, la satanista. Sí, madame, pareciónos cercano a un aquelarre o a aquellas misas en que, al escucharse unos golpes, Miss Andrews preguntaba: c’est toi Asmodé?. La diferencia es que aquí la víctima es un toro, protagonista de una lucha que no se ha propuesto entre la supuesta racionalidad de un hombre y la atribuida irracionalidad de un animal. También se le llama, pero para acabar con él. A sus resoplidos, el toreador indaga: c’est toi un taureau? Ea, toro, ea!

La danza es macabra, a muerte. Sin embargo el público espera la del toro y no la del toreador -¡Dios nos libre!- que, en una estocada final con una espada que de repente saca de la capa en donde la lleva escondida, lo abate ante los ávidos ojos del público que prorrumpe en griterío. Si el baile ha sido del agrado de éste, y en tal día lo fue, exige primero las orejas y luego el rabo del animal que se cortan allí mismo y el toreador los brinda. Puede parecer repugnante, pero es cierto. Todos espetan ¡olé! ¡olé!, lo mismo caballeros que damas. Estas visten de modo especialmente afectado con un tocado rígido y alto que agarran a su pelo y del que cuelga una mantilla de encajes. Algunas lo decoran con un clavel. Lo llaman “peineta”.

Llegados a este punto, Madame Denis no pudo más y tuvo que taparse los ojos con ambas manos, mientras nos solicitaba marchar con la excusa de no encontrase bien. Había aguantado por cortesía. Pero, señora, ¿hasta ese punto debe cederse? Volvimos a l’hôtel de la calle Bodegones adonde Madame Denis llegó descompuesta. Le dieron las fiebres e, inconsciente, repetía pitié!, pitié! La Marquesa del Paular insistió una y otra vez en que bebiese un exquisito y espeso caldo de rabo de buey que dan a los enfermos para recuperarse. Se negó en rotundo. Y así hasta nuestro regreso a Barcelona.

Pensé entonces en lo que me decía vuestra merced en una carta fechada en 1766: “¿Conoce el pueblo la moral? Por pueblo entiendo el mayor número de hombres. Están tan llenos de ella la corte como la ciudad o el campo. ¿Qué le queda a esta clase de gente si se le quitan los prejuicios? Son su recurso contra la desdicha (y en eso quisiera parecérmeles); es brida y freno en su conducta, y ello es lo que debe hacer desear que no se les ilustre; y además, ¿se les podría ilustrar? Todo el que en llegando a la edad de la razón, no se haya sorprendido por las cosas que son absurdas y no haya vislumbrado la verdad, jamás se dejará instruir ni persuadir…”

Ah! Tanto los Marqueses del Paular como el servicio nos preguntaron si por casualidad habíamos oído por las noches un ruido de cizallas afiladas y cadenas. Parece ser que existe un corredor subterráneo que une un cementerio de las afueras de Madrid con los sótanos del palacete. Por él se pasea, según dicen, un ser poco creíble. Es el monstruo de Bodegones. Ya sabe usted lo escéptico que soy en estos temas. No oímos nada de nada dado que mi sobrina duerme profundamente y yo uso tapones de cera.

A la vuelta nos dirigimos hacia el Este para tomar la Vía Augusta, el corredor mediterráneo diseñado inteligentemente por Cesar Augusto todavía en uso, si bien algo abandonado.

Château de Voltarire en Ferney

Château de Voltaire (Les Délices) en Ferney

Estuvimos en Barcelona tres días, suficientes para la recuperación de Madame Denis y salimos después hacia Ferney en donde ahora descansamos de los rigores del viaje en grata compañía de varios amigos. Hace buen tiempo y damos largos paseos por el campo. ¡Ah mis montañas! Desde nuestro regreso, mi sobrina no quiere saber nada de la oxtail soup que prepara con esmero la gouvernante.

Le transmito, señora, las más respetuosas muestras de afecto y admiración de Madame Denis y beso sus manos como el más aficionado de sus amigos.

Monsieur de Voltaire

PS: Cataluña sabe comer bien, madame! En Barcelona, estuve a punto de contratar a un cocinero que al final prefirió montar su propio restaurante. Bonne chance au chef! Si algún día coincidimos, lo que deseo profundamente, le haré preparar pa amb tomàquet. Aprendí a beber vino con porró, que es un objeto de cristal parecido a los usados en los laboratorios que sirve para beberlo compartidamente. Posee dos tubos prolongados: uno fino por el que sale el líquido y otro más grande por el que respira y que hace las veces de agarradero. Se utiliza a nivel popular tanto en Cataluña como en Aragón y Valencia. Espero sorprenderla.

(Nota del autor: Traducción directa del francés para los lectores en castellano. Hemos dejado algunas expresiones en aquella lengua, una en latín, otra en inglés y la última en catalán, a nuestro modo de ver entendibles, para dar mayor ligereza al escrito).

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