El vuelo del gallináceo

Decíamos hace poco (ver Carta de Barcelona) que el establishment era ya incapaz de dar al pueblo las respuestas adecuadas. En los últimos tiempos se han visto, además, todo tipo de horrores y errores a nivel económico, político y social. ¡Fallos en la tramoya!

Cuando durante los entreactos se levanta imprevistamente el telón y asoman imágenes grotescas, ¿que actores no disimulan ante un público ávido de saber los entresijos de la representación? Las excusas sustituyen entonces a quienes obligaba la moderación y la justicia. Los actores se apresuran para ocultar su desnudez. Surgen pretensiones de enmienda, de restaurar la imagen descubierta y ávidos de mejorarla, solicitan del estupefacto y voraz patio de butacas, lleno a rebosar, la remisión de sus pecados. Pero si no hay redención en la tierra ¿podrá San Pedro abrir las puertas del Paraíso?

¿Qué será de la dignidad de próceres tan proclives a la vanidad, una vez exhibidas sus vergüenzas? ¿Cómo me puede pasar esto a mí?, piensan todos expulsando de la escena con dedos acusadores a torpes players? Ruedan cabezas de turco, sí, para que las prebendas del confort vuelvan a reinar en sus respetables y respetados decorados, cayendo en desgracia los menos favorecidos de Fortuna (en modo alguno podemos decir que lo sean por la Providencia).

Así se recuperan las tablas, la paz que permita seguir representando la función, aquella para la que ellos ¡pobres! están especialmente dotados, aquella que ya no engaña a nadie ni tan siquiera a los que esperan sus pródigas y siempre merecidas dádivas. Pero la claque está comprada y el aplauso solo vendrá de uno de los laterales del teatro.

¿No es el Palau una muestra más del interés que mueve al escenario? ¿No son los Informes desinformadores sobre cómo apagar fuegos de todo tipo? ¿No lo es la General de los Disfraces, que acoge las últimas novedades en trajes de exhibición? ¿Y no es cualquier poltrona un dulce asiento alcanzado no sin esfuerzo que hay que conservar? Quién una vez ha probado las mieles de la Fortuna ¿deja de considerar hostiles a la calle y a la indiferencia?

Por ello, el establishment, representante de toda clase de roles, una vez repuesto el escenario, incapaz de altos vuelos, se empeña en desoír la voz del pueblo volando como un gallináceo.

Una vez escrito lo anterior, me entregan en mi despacho una carta de Fra Bertran. Me dejo de hipérboles y metáforas para leerla. Y observo, no sin sorpresa, que se ajusta a mis pensamientos. Dice mi buen amigo que la Mesa del Parlament ha rechazado por unanimidad, una vez más, la admisión a trámite de la iniciativa legislativa civil para que la Generalitat convoque una consulta popular sobre la independencia de Cataluña.

La actuación de los partidos políticos huele a ancien régime. !Tan progre su mayoría! Dos de los impulsores de la iniciativa han presentado su dimisión como Consellers Nacionals de también dos de aquellos partidos, CDC y de ERC respectivamente (¿en declive?). Transcribo aquí la copia de la carta del primero, un destacado jurista, que me parece innecesario traducir del catalán:

“Benvolgut Secretari General:

Les decisions preses per la direcció del partit contra l’admissió a tràmit tant de la convocatòria de referèndum sobre la independència per iniciativa popular, com d’iniciativa legislativa popular per consulta no referendària sobre la independència, palesen que no compto ni amb la confiança ni amb el suport de la direcció, que opta per limitar la democràcia a votar cada quatre anys llistes tancades i bloquejades, i no permet que el poble pugui votar directament i decidir, sinó només manifestar-se al carrer i votar representants perquè decideixin per ell.

No puc formar part de la direcció d’un partit que bloqueja la democràcia i posa un morrió a la boca del nostre poble, ni representar-lo enlloc si no compto amb la confiança de la direcció.

Presento la meva dimissió com a Conseller Nacional, i als dos òrgans on vaig ser nomenat pel partit, el Patronat de la Fundació CatDem i l’Observatori de Dret Privat de la Generalitat.

Atentament.

A. López Tena”

Con tanto lebrel suelto, ¿cuanto durará el gallináceo?

Monsieur de Voltaire

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