La matanza del cerdo o el ocaso de Gadafi

ان المذبحة التى وقعت فى الخنزير

(Tragicomedia en un solo acto para teatro de pequeño formato, que puede interpretarse al gusto de Clara en cualquier cabaret)

——————–

 

Escenario: Oscuridad. Dos paredes laterales negras no llegan a converger en el fondo, también negro, dejando una apertura para dar entrada a los actores. Son cinco: protagonista, coro de tres personas, incluida el corifeo, y un actor sin voz, quizás un mimo. El coro puede sustituirse por voces en off.

——————–

Muamar el Gadafi

El Coronel Gadafi

(Sonido de campanas. Tocan a muertos mientras también se reproducen voces de oración en árabe. Lentamente se hace el silencio. Mientras, un foco descubre al corifeo. Viste túnica blanca. Destacan cara, manos y pies desnudos).  

Corifeo.- Cuando Alá quiere aniquilar a una ciudad, da orden a sus personas acomodadas para que extiendan la corrupción por ella. La palabra contra esta ciudad se cumple y la destruye completamente. ¡Oh milenaria Trípoli! ¿Ha llegado tu hora o solo eres el marco de la hora de otros? (El foco se amplia, difuminadamente, para iluminar al resto del coro, vestido igual que el Corifeo).  

Coro.- Las campanas del Mediterráneo tocan a muertos, mientras sus minaretes reproducen una y otra vez الله اكبر. Sí, Alá es grande. También paciente. No tanto el pueblo libio que por fin ha dicho basta. ¿Ya no tiene miedo?

Corifeo.- Sí. El pueblo libio ya no teme al pintoresco sátrapa de mirada estrábica, velada por unas gafas de sol ahumadas y cubierto con una indumentaria apropiada para bailes de máscaras.

(El Coro, brazos extendidos y palmas en alto, señala el centro del escenario. Suena un golpe de gong. Mientras repercute el sonido aparece el Coronel Gadafi, altivo, estrafalariamente vestido de militar y cubierto con una capa a juego con su ladeado tocado. Sostiene la primera con los puños cerrados, altivamente. La americana es blanca, llena de galones y medallas. Una banda la cruza. Lleva grandes gafas ahumadas. Está inmóvil como una estatua).  

Coro.- ¡Helo aquí! He aquí al Hermano Líder, al Guía de la Revolución, al León del Desierto. ¡Salam, Príncipe Muamar!

Corifeo.- Tu hora ha llegado, Gadafi, y no plácidamente ¿Qué se siente al ver alzarse nubes de polvo en el desierto avanzando implacables hacia Trípoli?

Coro.- No es, no, la litera de Salomón.

Corifeo.- ¿Oh murallas de fuego, seréis capaces de aguantar la gigantesca ola de arena, esta especie de tsunami que viene con ira despiadada? ¿No cayeron en Jericó otras torres al simple sonido de cornetas de carnero?  

Coro.- Llevaban el Arca. Yahvé estaba con ellos.

Coronel.- (Moviéndose lentamente se acerca las manos a los oídos para tapárselos, sacando importancia. Mientras, suena instrumentos de vientos desafinados): ¡Cornetas! ¡Trompas! ¡Trompetas! ¡Cesad! (Pausa). Si sabéis algún destino del país que se pueda evitar, sabiéndolo antes, habladme . En caso contrario, callad. (Girándose lateralmente, como si hablase a un auxiliar): ¿me oyes Mohamet?  

Coro.- No recuerda que todo hombre lleva atada al cuello su suerte y el día de la resurrección le entregarán un escrito abierto y le dirán?: ¡léelo! . En él está escrita su vida, sus acciones, buenas y malas.

Coronel.- (Insiste) ¡¿Qué me oyes, Mohamet?! (Silencio) ¡Pueblo ingrato! ¿Pretendes vengar el bien que te he hecho con el mal que pronto aplastaré? ¡Oh cabeza (se lleva las manos a la misma) no me hables de literas salomónicas, ni de Arcas, ni de Yahvé! (Mirando alrededor con prevención) ¿No será una conspiración judía? ¡Mohamet, ven!

Corifeo.- Solo como vengadores de funestos crímenes, se acercan a palacio los perros de los que no se puede escapar. Mucho odio habrás sembrado, Muamar.

Coronel.- (Mirando alrededor) ¡Qué silencio! Sin embargo, dicen que el griterío no cesa. ¡Bah!, gritos pagados por la mentira. Marionetas del mal. ¡Mohamet, que no me oyes! ¿Cuántos son? ¿De dónde vienen? ¿Qué dicen?  

Coro.- Son muchos y de todas partes. Sus voces despiadadas zumban los oídos con retórica milenaria …para que no mueras de forma que te complazca, cuidaremos de que te sea amargo

Corifeo.- Así se comporta el pueblo mudable, que tiene el corazón en la bolsa y a quien la vacía, le llena igualmente el corazón de odio mortal .

Coronel.- Dicen que odian. ¿Odio mortal? ¿A quien, a mí, al salvador de la patria? ¿El pueblo contra su protector?  

Coro.- Tú lo has dicho, odio mortal. Vaciaste su bolsa y su paciencia, Muamar. ¿Qué esperas, pues?  

Coronel.- ¿Vencí en el 69 echando al rey Idris y a los 69 años concluyo? ¿Tan efímeros son las revoluciones? ¡No la mía!

Coro.- Sí, tan efímeras. Más aún cuando un tirano las dirige, vertiendo sangre inocente dentro y fuera de Libia.  

Coronel.- Siempre estuve dispuesto a morir como mártir del pueblo.

Corifeo.- Como todos los tiranos, tus oídos no quieren escuchar. Tú no eres mártir del pueblo. El pueblo es mártir tuyo y se ha cansado.

Coro.- ¡Sordo y ciego no atiende a razones!

Coronel.- ¡Bah! Espíritus débiles y lunáticos se valen del privilegio de la fiebre para gozar acosándome. Quieren que corra mi sangre revolucionaria en su nativa residencia con una insospechada contrarrevolución. ¡Amazonas vírgenes me protegen de su estupidez! ¡A mí la guardia! ¡Ordeno a mis generales salvar a la patria! ¡Bombardead a los rebeldes que movidos por agentes extranjeros pretenden usurpar para estos lo que no les pertenece! ¡Fuego, fuego intenso contra los desaforados antes de que su veneno se extienda! ¡Matad a la turba! ¡Vaciad el desierto! ¡Mohameeet!  

Corifeo.- (Señalando al público de igual forma que antes lo hizo a Gadafi). ¡Mirad! ¡El público ha tomado sus asientos como si asistiesen a una representación. Hay gentes de todo tipo y condición.

Coronel.- Hoy no he invitado a nadie. Necesito un descanso. Después vendrá el festín.  

Coro.- La asistencia es masiva. Como si se hubieran invitado a sí mismos a un banquete.

Coronel.- El silencio me invita al sueño. Allí, en el Este, que no cese el ruido, que mis cazas bombardeen a los insurrectos.   

Coro.- Los pueblos celebran sus fiestas. En las más antiguas se sacrifica a un animal.  

Coronel.- ¡Aquelarre de infieles, id al infierno!

Corifeo.- Sí, desde tiempo inmemorial los pueblos celebran sacrificios de animales.

Coronel.- !Cogeré al toro por los cuernos!  

Corifeo.- No se trata de toros. Un pueblo se reúne anualmente desde tiempos inmemoriales para celebrar la matanza del cerdo. (Con sorna): una verdadera bacanal, donde vino y alegría corren juntos.  

Coronel.- ¡Insurrectos apoyados por infieles occidentales! ¡Comedores y bebedores de cerdo y alcohol, ahogaros en vuestro pecado!  

Corifeo.- Cerdo previamente engordado para alimentarse más y mejor.

Coronel.- ¡Ah fanáticos! ¡Pagaréis cara vuestra intervención! ¿Pensáis que ésto es una fiesta, eh? ¡Convertiré cada grano de arena de mi desierto en un terrorista! ¡Llamad a los informáticos! ¡Mohamet ven ahora mismo o nunca más!  

Corifeo.- Se trata de una fiesta en la que todos asisten impasibles al sacrificio de quien cuidaron con esmero, un cerdo previamente escogido. Los instrumentos están afilados y el gancho preparado. No hay escapatoria posible.  

Coronel.- ¡Hipócritas defensores de supuestos derechos humanos! Vuestras democracias no son más que farsa y bacanales. Aplicáis leyes en vuestros Estados opuestas a las que imponéis en los nuestros. La contradicción, esa duda por la que os regís, anula la legitimidad de vuestros actos. Mi juego es claro, diáfano. No practico doble rasero. Yo impongo la ley. ¡Aquí no caben fanáticos judíos, cristianos, ni musulmanes! ¡Esto es el socialismo anticolonialista y antioccidental!  

Coro.- La legitimidad no la da una sola voluntad. Se precisa la de todo el pueblo. ¡La tiranía inicia su ocaso! El público asiste complacido a su caída. Este es un banquete en el que no se come nada. El Islam prohíbe comer cerdo.

Coronel.- ¡Cerdos, cerdos! ¡Que las bombas despejen a esa polvorienta y apestosa nube que se acerca a través del desierto! ¡Acabad con ella! ¡Tomad rápido la costa desde Ras Lanuf hasta Tobruk!

Coro.- ¿No comprende que todavía causará una nube mayor? ¡Oh infortunado Muamar! Tu que fuiste aclamado y honrado con los mayores honores, mientras reinabas en la prosperidad de tu petróleo, ¿de quien se puede decir ahora que es más desgraciado? ¿Quién es el que vive entre violentas penas, quien entre padecimientos con su vida cambiada?

Corifeo.- Sí, a cada cerdo le llega su San Martín. (Suena una campana).

Coro.- (Grotescamente): ¡Oh!

Coronel.- ¿Quién dijo cerdo otra vez?

Coro.- Tu mismo.

Coronel.- ¿Acaso quieren convertirnos nuevamente en esclavos? Mundo, te emplazo a demostrar la muerte de manifestantes pacíficos. ¿No es disparada en todas partes la gente que ataca instalaciones militares e intenta robar armas? ¡Ah!, no seremos la excepción. ¡Lucharé hasta la última gota de mi sangre contra el terrorismo que azota Libia! ¡Pulgada a pulgada! Satanás siembra la discordia entre los infieles; ciertamente, Satanás es el enemigo manifiesto del hombre . ¡Libios: yo soy vuestra luz, el faro conductor, el Hermano Líder, el Guía de la Revolución, el León del Desierto…! Yo soy… (concluye casi afónico; expeditivo y girándose, exige): ¡Agua! ¡Tráeme agua Mohamet!

(Volviéndose al público): ¿queréis nuestro petróleo, verdad? Como Hitler, Mussolini y el traidor de Idris, esa marioneta prooccidental que destroné, ese primer y último rey de Libia. Queréis nuestro petróleo, ¿eh? (chocando sus puños contra el pecho, le resbala la capa) ¡pues venid a cogerlo con vuestros cebados cerdos, aquí os espero! Ah…! (Afónico otra vez, se gira de nuevo): ¿Es qué nadie me oye? ¡He pedido agua! ¡Agua¡ (Desaparece el Coro. Un foco exhibe un trono con dos mesillas, una a cada lado. Sobre la de la derecha hay un teléfono negro, sobre la de la izquierda, uno rojo. Gadafi toma asiento. Y suena el teléfono negro).  

Coronel.- (Descolgando con violencia): ¡Qué! (Pausa para escuchar). ¡Ya sabes que cuando estoy trabajando no quiero que me molesten! (Antes de colgar, irritado): ¡ah! ¡dile que es un inútil, un cobarde, un mierda…! (Cuelga violentamente y se serena aclarándose la garganta). (Vuelve a sonar el mismo teléfono).

Coronel.- (Descuelga otra vez con violencia; escucha): ¡Me paso a la ONU por los cojones! ¡Lo oyes! ¡Te pregunto si lo oyes, imbécil! ¡A la UE, a la OTAN y a la madre que las parió juntas! (Pausa). ¿La Liga Árabe…? (Cuelga violentamente, respira y llama marcando un solo dígito).

Coronel.- ¿Mohamet? (Pausa): ¡Ah, dile al cretino de mi hijo que para qué le pagué estudios en esa Universidad de tiquismiquis ingleses! (Otro golpe al colgar). (Marca otra vez un dígito).

Coronel.- ¡Mohamet, confiscar todos los guantes de boxeo, especialmente los rojos! ¿Qué por qué? ¡¿No te has enterado idiota de que las mujeres en Irán han salido a la calle vestidas de negro y con guantes de boxeo rojos en señal de protesta?! (Pausa para escuchar). ¡Pues lee! (Pausa). ¡¿Que para qué sirven?! ¡Para pelársela, ¿no te parece, cretino? ¡Sím-bo-los! ¿Qué no lo ves? ¡Sím-bo-los! Además, ¿por qué no vienes cuando te llamo? !Y mi agua! ¡Quedas despedido! ¡A la calle! ¡Si salgo y te encuentro todavía aquí, te mando fusilar con los guates puestos! (Cuelga violentamente).  

Las amistades peligrosas

Las amistades peligrosas

Coronel.- (Suenan los teléfonos rojo y celular a la vez; los coge a ambos y se dirige al móvil): Dime carnera, cariño, chupona, esta noche wanga wanga en palacio, ¿eh? (Dirigiéndose al otro teléfono): ¡Ah, eras tú! No, no era a ti, caro amico. ¿Come stai Bercu? Era mi Ruby robacorazones, la mia rubacuore. ¿Tu sai, eh, furfante? Conoscere il prodotto…Due mila camelli… (Pausa): ¿Oiga?… ¿Oiga?… ¿Presidente?… ¿Eccellenza?… ¡Han vuelto a cortar la línea! (Marca violentamente un dígito del teléfono negro sin colgar el móvil). ¡La línea roja no funciona! ¡Ponerme con Berlusconi inmediatamente (Se dirige al móvil con amabilidad fingida).- Cariño, no me llames cuando estoy trabajando, lo oyes? (Pausa). ¡Ah!, ¿tienes guantes de boxeo rojos? (Pausa y con enfado): ¡Guantes, no bragas, guan-tes! (Pausa, amablemente): ¿Y tus amigas? (Pausa; después, violento): ¡Que no, que no quiero sado ni mierda, imbécil! Si quieres tortazos me basto con la palma de la mano desnuda, ¿lo oyes? ¡Desnuda! ¡Prepara tus nalgas. Verás de lo que soy capaz! (Pausa): ¡No, ahora no! (Cuelga violentamente y suenan los teléfonos rojo y negro a la vez; los coge a ambos; se dirige al negro, mantiene el rojo en la otra mano): ¡Cómo que el Presidente no está! ¡Si acabo de hablar con él! (Apoya el rojo en la pierna y tapa el auricular del teléfono negro). ¡Me has colgado! ¿Verdad que sí, cabrón? Ya te daré yo a ti maquillaje, momia, más que momia! (Destapa el auricular): ¡Dejen nota al Presidente de que tengo producto fresco, muy fresco, polvos del desierto, que me llame! (Cuelga el teléfono y se dirige al rojo): ¡Ah, Chávez! (Pausa): No, no me refería a ti. ¡Cómo estás! ¡Era un líder de otras revoluciones! ¡Te abrazo efusivamente, amigo mío! (Suena el móvil, lo coge): ¿Y a mí qué si te has puesto bragas rojas? ¡No me interrumpas más, zorra, antes son los asuntos de Estado! (Cuelga el celular; al rojo, tras una pausa): Si no te hablaba a ti, ¿como puedes pensar…? (Pausa). No, ya se que no eres sarasa, Chávez…no eran tus bragas, digo, calzoncillos. (Con los dedos juntos sacude la mano hacia arriba): ¡Armani t-shirt e boxer, sai! ¡Los tienes bien puestos, como yo! (Pausa): ¿Chávez? ¿Presidente? ¿Oiga, oiga? ¡Mierda! (Cuelga el teléfono rojo con rabia, coge el negro): Ponedme con Chávez ya. ¡Esto es un complot judeomasónico! ¿Quien corta las líneas? (Pausa): ¿Que me han embargado las cuentas? ¡Ponedme cuanto antes con ese suizo estúpido. (Pausa): ¿Armas…? Ah! y también con su

Gadafi y Chávez

Más amistades peligrosas

Alteza Real…, sí, el intermediario del traficante, ese chulo podrido al que se le ha subido la realeza a la testa y que habla posh. (Pausa) !Inglés, so burro, oxbridge! (Pausa) : ¿Prohibida la entrada?…!Pues que hagan lo mismo aquí! (Pausa): ¡Dígale al franchute ese que se meta la Torre Eiffel por donde le quepa antes de que la vuele! (Afectado): ¡Un médico, un médico! (Cuelga el negro y suspira profunda y sincopadamente). (Suenan los tres teléfonos a la vez junto al vals Fascinación. Gadafi los descuelga y se transforma, sufre un éxtasis. Parece un gallinero. De los tres auriculares salen voces que se entrecruzan con señales acústicas: su alteza…no hay contacto… Le he dicho que no hay guantes rojos, solo bragas… !Ring, ring, ring!… Caracas no quiere saber… Merkel dice… !Clic, clic, clic, clic!… ¡¿Qué se ha pasado al enemigo?!…El suizo se las ha pirado… Las amazonas enrocadas… La oposición presiona…. Roma escuchará si hay producto fresco… (Entra el coro sin verse).

Coronel.- (Fascinado por la fascinación del vals Fascinación, Gadafi abre los brazos en cruz y gira absorto bailando; su capa levanta el vuelo, ¡ay, debajo no hay pantalones, solo ropa interior de Armani!; intenta recoger la capa a modo de una falda, pero baila y baila mientras repite embaucado): Rivolutzione, rubacuore,“l’amor che move il sole e le stelle” .

(Suena la aviación que se avecina. Gadafi hace el avión): deserto, guante boxe rosso, aeronáutica militare,¡amazonas vírgenes!, ¡matanza!, ¡gloria!, io sono il leader! (El Coro queda enfocado).

Corifeo.- ¿Qué rumor, que perfume invisible ha llegado volando hasta él. ¿Viene de un dios, de un mortal o de un mixto de ambos?

Coro.- Está embriagado.

Corifeo.- Su criterio ha dejado de existir. Entró por la puerta de la Falsedad, engañándose a sí mismo, y bebió del error y de la ignorancia.  

Coro.- ¡Miradle! ¡Dice insensateces!

Coronel.- (En éxtasis): ¡Oh Fortuna, soy tu esclavo! Sí, yo, el líder, el guía, el gran hermano, más fiel que el resto del mundo, soy tuyo, me inclino (se arrodilla), me postro a tus pies (se inclina como en oración a la Meca, gesto incluido). !Ven a rescatarme Fortuna, me rindo ante tí! Me fundiré contigo en eterno abrazo. (Cesan música y sonidos; prosigue la aviación, suave. El Coronel cae al suelo, estirado de cara al público; levanta la cabeza a modo del avaro Harpagón)

Coronel.- ¿Perderse o no? ¿Ser mártir o no serlo? ¿Soy apuesto león o inmunda rata? ¿Dónde estoy? (Pausa, tocándose después): ¿Quien es? ¡Ah, soy yo, yo mismo! ¡Esto se acaba! ¡Muero! ¡Estoy muerto! ¡Estoy asesinado! (Se rinde al suelo y tras una breve pausa, se yergue e implora al público, arrodillado): ¿Hay alguien que quiera venir a socorrerme, a darme la paz, a ser mi amigo, tú… tú…?

Corifeo.- ¡Infortunado de la Fortuna! ¿No ves que además de ciega y loca, es sorda?

Coro.- Sí, la Fortuna es sorda y rodante.  

Corifeo.- (Mientras el Coronel se levanta despacio y retrocede lentamente con horror): Rechazaste la escalera adecuada, aquella que lleva al Cielo, por la que suben y bajan los ángeles de Dios, y descendiste por la equivocada. ¡Detente! ¡Conduce al abismo, a la perdición, a la nada! ¡Todavía estás a tiempo! ¡Sube!

Coronel.- (Parece despertar): Sueños confusos me impiden pensar: ¡me aturdís con vuestras mentiras! ¿Estoy en sus manos o dispongo de libre albedrío? ¿Dónde os escondéis consejeros fieles, dónde familia y amigos, dónde Tú que todo lo ves? ¡Oh soledad inmensa! ¡Oh profunda desazón!

Corifeo.- Una ceguera mortífera ha llenado de sombras su cerebro. Sí, despierta de tu sueño, Hermano Líder, Guía de la Revolución. No hay nada más iluso que escarpar paredes regadas con aceite. Entrega al pueblo, sin resistencia, la corona que arrebataste al rey Idris. Tu cabeza ya no la puede sostener. ¿Por qué aferrarse a ella?

Coro.- ¡Olvida que es mortal!

Coronel.- (Acercándose al público): Sí, veo sombras. (Pausa): ¡Pero yo soy …! ¿Qué temer? (Pausa; le cambia la expresión; señala al público): ¡Esos, esos…! ¡Marcharos a casa! ¡Id! ¡No hay banquete, puercos gulosos, ni cerdo, ni vino, ni instrumentos afilados, ni gancho! ¡Estoy solo! ¡Solo yo! ¿Qué no lo véis? ¡A mi la guardia! ¡Cuidad de que no me salpique su sangre canalla! Coro.- La misma que resbala por sus manos.

Coronel.- (Girando sus manos hacia sí como garras. Pausa): Mis manos…

Coro.- Sí, manchadas de sangre inocente.

Coronel.- (Se las acerca a la cara para taparla, dejando huecos a través de los que se ven sus enormes gafas): ¡Ay de mi! ¡Aparta, horrible sueño! ¡Despierta conciencia! ¡No, no despiertes! (Pausa): ¿Y el agua? (Se gira hacia atrás): ¡El agua que pedí! ¡Tengo sed!  

Coro.- ¿No echó a su fiel Mohamet? Los demás también se fueron.

Corifeo.- (Mientras, un foco exhibe una abigarrada copa y una jarra llena de agua en una bandeja de oro): Ya no percibe la realidad. Mohamet el fiel dejó agua antes de irse. ¡Que beba! ¡Que su sed concluya cuanto antes! (Sigue sonando la aviación). ¡Oh garganta sedienta! Así como la ceguera oscurece su razón, soberbia y odio resecan implacablemente la boca.  ¡Despierta de tu sueño, Muamar! !Es tu hora! ¿No lo ves? Asume la verdad dignamente! Si eres hombre, sé dueño de ti mismo.   

Coro.- Recibe a la paz con serenidad. El agua del olvido saciará pronto tu sed. (El Coro desaparece).

Coronel.- (Girando, coge la copa, la llena de agua, la bebe y alza después sus brazos abiertos hacia el cielo, al que mira con sonrisa cáustica. La escena, a base de juegos de luz intermitente, reproduce una imagen grotesca a cámara lenta): ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Iros al infierno! ¡Impedid que los perros entren, sus fauces están abiertas! ¡Tienen hambre! ¡Derramad hasta la última gota de…!

(Las telas laterales reproducen un film real de lucha armada. Bombardeos y disparos aumentan gradualmente el volumen. Gadafi, copa en alto, gira y gira a cámara lenta como una marioneta. Se acerca el sonido in crescendo de carcajadas histéricas que se confunden con el anterior, seguidas de una música circense. Primerísimos planos exhiben ahora bocas humanas comiendo y bebiendo gulosamente. La figura del Coronel es evanescente, desaparece lentamente por efectos de luz. Mientras, del fondo, llega una figura grotesca a paso lento que se va iluminando. Puede ser un actor sin voz, un mimo. También gira sobre sí misma levantando sus brazos hacia el cielo y sus enormes zapatos para caminar mejor. Se trata de un payaso, con nariz roja y pelo a lo Charlie Rivel, pero es Gadafi. Se va acercando al centro. Lleva guantes de boxeo rojos. La inmensa sonrisa se le tuerce y abre la boca con espanto. Caen las telas laterales y unos espejos reflejan hasta infinito una imagen deplorable, totalmente desorientada, perdida).

El espejo devuelve la imágen

Descenso a los infiernos

Coronel.- (Se mira con extrañeza y sorpresa, acerca su nariz a tocar los espejos, se aleja después con los brazos abiertos para verse en perspectiva. Se asusta al observar sus guantes. Los mira extrañado. Suena la voz del Coronel en off, ampliada y con eco. El mimo gesticula en consonancia): ¿Soy yo? ¿Guantes? ¿Esta es mi imagen? ¡Oh soledad inmensa, o desazón profunda! ¡No! ¡Es un sueño! ¿Por qué me confundes mostrándome mentiras? ¡Yo soy el León del Desierto y no esto! ¡Yo la luz del pueblo! ¡Despierta conciencia, si todavía existes! (Golpea los espejos con los guantes, los patea con un inmenso zapato que apenas puede sostener y que se dobla al chocar contra ellos): ¡Un espantajo! ¡Romped a cañonazos los espejos reproductores de falacias! ¡Rompedlos! (Lo dice con risas cáusticas que a la vez se tornan en amargo sollozo): ¡Es una orden! ¡No hay cerdo! ¡No hay cerdo! (Al público): ¿Hay alguien ahí? ¿Estoy solo? ¡Romped los espejos! (Se apagan voz y sonido).

Corifeo.- (Voz en off):- Es inútil, Muamar, sus añicos multiplicarían hasta el infinito la desesperanza de tu abandono. El ocaso, aquel camino sangriento que conduce al sol en su atardecer, ha comenzado. Ningún mortal puede detener su puesta. (Suena un solo golpe de gong. Se apagan las luces. Fin).

Monsieur de Voltaire

 

Guantes de boxeo

Todo un símbolo

P.S.: Dedicado a mi apreciada sobrina y actriz Claire Bloom, con el fin de debutar juntos in ogni piccolo teatro.

 

 

Nota: El 22 de agosto de 2011 las tropas rebeldes entraron en Trípoli con el soporte de las fuerzas aéreas de la OTAN y acorralaron al líder libio, que huyó a Sirte, ciudad que caía el 20 de octubre siguiente. La OTAN bombardeó la caravana en què Gaddafi intentó huir, però éste sobrevivió al ataque, siendo linchado después por los rebeldes i asesinado con un tiro en la cabeza. Su cuerpo fue enterrado en un lugar secreto del desierto de Libia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s