El problema no es Cataluña, es España (carta de Fra Bertran a Voltaire)

Mi querido amigo Fra Bertran me escribe desde Barcelona. Por su interés, transcribo la carta:

“Monsieur:

En su última misiva me pregunta usted por los acontecimientos sobre el cada vez más peligroso recorte de libertades en el Estado español. Desgraciadamente no puedo contradecirlo. Es cierto.

Sin ir más lejos, ayer, en Sant Celoni, la Guardia Civil tomaba nota de los balcones en donde pendía la “estelada”. Ya sabe, la badera cuatribarrada de Cataluña a la que se le ha añadido una estrella (como hiciera Cuba antes de su liberación) que simboliza el deseo pacífico de libertad al que tiene derecho toda nación o pueblo. Se armó tal revuelo que, creado un twitter al efecto llamado “#GuardiaCivilTincEstelada” resultó, a la postre, “trending topic”. Hasta yo mismo colaboré piando como un jilguero: “señores guardias civiles, ruego tomen nota de que colgaré una estelada para poder salir también en su lista de balcones; para ahorrarse el viaje, aquí tienen mi dirección, etcétera”. Algunos “twitts” son dignos de lectura, se los recomiendo. Los catalanes han hecho acopio de su gran sentido del humor y civilidad.

ERC, por su parte, ha manifestado que mañana mismo pedirá la comparecencia ante el “Parlament” de la Delegada del Gobierno español en Cataluña, señora Llanos de Luna. Se trata de aquella persona de la que ya le hablé. Recuerda? La que condecoró a ex combatientes colaboradores del ejército de Hitler. Imagínese que debieron pensar los Consulados en Barcelona de los paises aliados. Ni que decir tiene sus Embajadas en Madrid.

Se trata de la misma persona que demanda a los Ayuntamientos por no colgar la bandera española y por declararse “territorio libre independiente del Estado español”, que cada vez son más. Una cuestión política ante un tribunal? Pues ya ve! Algunos ya han desestimado la demanda. Qué ganas de perder el tiempo y el dinero, no?

Hoy mismo se jugaba en Málaga la Copa del Rey, pero sin él. Últimamente no acude a los partidos para evitar abucheos, silbidos y canciones sarcásticas como la del elefante que se columpiaba en una tela de araña (la conoce?). Monarquía en horas bajas, pero que muy bajas. Tanto, que me atrevo a decir que ya ha caido. Quedan el “cómo” y el “cuándo”, claro. Su formalzación, ya sabe… Pues bien, la policía ha prohibido el uso de la estelada, atentando así contra la libertad de expresión y, además, la confiscaba, atentando también contra el derecho de propiedad. Curiosamente toleraba banderas españoles con signos del antiguo régimen, visibles en todo el estadio.

Por otra parte, hace años que no se publican la balanzas fiscales, impidiendo con ello el derecho a la información de los ciudadanos que continuan perplejos ante un surrealista “café para todos, excepto para algunos”. Ahora amenazan con hacerlo “singularmente”. Es esto serio? Si a ello sumamos las últimas prohibiciones de emisiones de TV y radio en catalán en algunos territorios de esta lengua (a la que incluso se han atrevido a llamar LAPAO para dividirla, conviertiéndose en el hazmereir de propios y extraños), es notorio que hay una regresión de los valores y obligaciones democráticas por parte del mismo Estado que, falto de sabiduría, moderación, valentía y justicia, pilares de la democracia si nos atenemos a lo que expone Platón en su República, marca su decadencia, su declive. “Oui monsieur”. El PSOE comenzó esta vía hacia ninguna parte que ahora remata el PP con mayor tesón. Es decir, los que más exhiben la Constitución como arma arrojadiza, son los primeros en incumplirla. Curioso.

Secuestrada la carta magna por partidos que la interpretan a su antojo, es impuesta a golpes de mazo por tribunales que no son independientes del poder cuya corrupción alcanza metas que superan la de Botswana, aquel país a donde el rey fue a cazar elefantes con una señora de la que después nos hemos enterado que vivía a costa nuestra en un palacete en el recinto de La Zarzuela. Este hecho versallesco, no le trae recuerdos cercanos a su Corte, aquella que antes de caer en desgracia (a lo que usted contribuyó, “vraiment”) practicaba precisamente “les grâces”? Su amiga Madame de Deffant fue testigo directa.

Pues sí, la corrupción se halla casi institucionalizada. Nadie dimite a pesar de sus escándalos. Sin ir más lejos, el PP se llenó la boca sobre supuestas cuentas del Presidente Mas en Suiza con el fin de desacreditarlo. Al final resultó que quienes las tenían eran ellos que, sin escrúpulo alguno, repartían alegres sobres por todo Madrid. Ya ve, el ladrón cree que todos son de su condición. En suma, el Estado ha perdido totalmente su autoridad, está deslegitimado, enfermo. Puedo decir terminal? Mórbido y decadente como Carlos II el Hechizado, no tiene futuro, se muere.

En definitiva, créame, el pueblo lo ha visto claro. Se ha dado cuenta de la farsa, especialmente en Cataluña, y ha dicho “basta!”.

Me pregunto más de una vez si España realmente existe. Por supuesto que sí existe el “Estado español” como tal. Pero España, qué es? No será una excusa para que unos pocos altos funcionarios en connivencia con cuatro empresarios del “régimen” sigan explotando la finca en beneficio propio? No será una especie de opio para mantener fanatizado a un pueblo inculto y engañado “ex profeso” con discursos nacionalistas defensores de patrias inexistentes? Quizá un elixir utilizado por los talibanes de turno para embriagar, para encender pasiones que se levanten como muros protectores de prebendas y canongías?

Hemos de pensar que un “Estado”, con opio o sin él, no es un fin por sí mismo. Es un medio, un instrumento para que una determinada sociedad viva mejor. Nada más. Y si aquel dificulta la convivencia o impide que dicha sociedad o parte de la misma no esté a gusto, ésta tiene no solamente el derecho, sino la obligación de sustituirlo. Es tan sencillo como ésto. Obviamente, llegado el momento, el Estado se opondrá a ello con firmeza. Sus beneficiarios, esos sátrapas, se aferrarán a sus sillas. Pero más tarde o màs temprano serán barridos por la corriente. Es una constante histórica.

Es en este contexto que Cataluña vive actualmente una auténtica revolución de terciopelo. La lucha por la independencia trescientos años después de haberla perdido. Sin máscaras, sin miedo, de frente. Iniciada la corriente, quien la para?

Recuerda la enorme manifestación por el “Estatut”, una de las más grandes de Europa a la que tuve el honor de asistir? Se lo expliqué en su momento y usted lo publicó más arriba. Quizás rondó el millón y medio de personas gritando “IN-INDE-INDEPENDÈNCIA”. Lo que comenzó con una manifestación por el Estatut, acabó siendo un grito unánime pro secesión. El pueblo había despertado y bailaba en la calle! Lo vi con mis propios ojos.

Pues bien, el 11 de Septiembre de 2013, aumentó el número de participantes nuevamente convocados, esta vez por la independencia, al modo de los países bálticos. Se alcanzó los dos millones de personas cogidas de la mano cruzando en cadena Cataluña entera de Norte a Sur (más de 400 kilómetros!). Yo fui una de ellas! Que ilusión, que alegría vivida, que grito democrático y civilizado ante el mundo! Realmente fue un acto intergeneracional, interclasista y de orden totalmente civil. Familias enteras ocupaban Cataluña con paz y alegría. Lo pasamos en grande. Había trozos en que la “via catalana” se triplicaba ante los ojos atónitos de medio mundo.

Y como el movimiento es de abajo a arriba y no al revés, creo que no habrá quien lo pare a excepción de que lo haga el mismo pueblo. Las revoluciones, “vous connaissez bien, monsieur”, siempre las gana el pueblo. Desde el Cristianismo hasta la actualidad. Las sangrientas y las que no lo han sido. La Reforma, extendida como una mancha de aceite desde Alemania, la inglesa del decapitado Carlos I, la francesa con Luis XVI en la guillotina, la bolchevique con el zar Nicolás II, eliminado por la masa, la polaca del sindicato Solidarnosk, la caída del muro de Berlín piedra a piedra, el desmoronamiento de la URSS y las recientes primaveras árabes, por citar ejemplos notorios.

Además, está claro que un hecho positivo como la alegría, la esperanza, el anhelo de construir un nuevo Estado, no puede quedar neutralizado por uno negativo como la tristeza de las prohibiciones, la negación de libertades, el secuestro de voluntades legítimas que practica un Estado en decadencia. El oscurantismo contra la luz? Mala terapia.

Por eso, la respuesta de la gente es jocosa, se rie del poder, del “establishment” ya desautorizado que corre como gallina fuera de corral con los ojos como platos antes de acabar en la olla. “Estos nos mandan?”, se preguntan unos. “Pero que lecciones nos han de dar a los catalanes?”, dicen otros. “Prohibir el ejercicio democrático del voto en una democracia, es legítimo?”, unos terceros. “Que ya no cuela, Manuela” y muchas más son cuestiones al orden del día que corren de boca en boca. Salen hasta de debajo de las piedras. Y por eso, cada vez hay más esteladas. Vamos, que se han puesto de moda. Relojes, pulseras, pañuelos, sudaderas, camisetas, sábanas, cascos de moto, guantes, bicicletas, zapatillas de deporte, chancletas, vinos, cavas y muchos objetos más son ya “normales” con estelada, cuando eran del todo “excepcionales”. Nunca habían habido tantas colgadas en los balcones de toda Cataluña. La medicina aplicada por la señora Llanos de Luna, la Delegada (para que sirve este cargo?), deviene así ineficaz. Mejor, se convierte en un bumerang lanzado por una avestruz que esconde la cabeza para no ver. Pero recibe igualmente el golpe. Es cazada. Y también le serviran por duplicado una taza de caldo, aquel que no quería probar.

Nadie puede impedir la libertad, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, principio ético y ley de leyes a nivel universal. Nadie. Por esto finalmente se ha dado la vuelta al calcetín por estar al revés. El problema no es Cataluña. El problema es España.

Termino. Creo que de momento le he puesto al día. Cuídese! Y no olvide a Dios que sin duda lo bendice y le perdona sus pecados, como hago yo gustosamente. “Adieu mon ami”. Cordialmente suyo,

Fra Bertran”

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